Todavía soltero y aparentemente decidido a reconquistar el corazón de una mujer, Tom Cruise habría puesto recientemente sus ojos en un objetivo tan prestigioso como inesperado, la cantante colombiana Shakira.
Fue en un Gran Premio de Fórmula 1, universo glamuroso donde se cruzan las celebridades del mundo entero, donde el actor habría conocido a la intérprete e intentado un acercamiento particularmente insistente. Según varias fuentes difundidas por la prensa internacional, la estrella de Hollywood habría multiplicado las muestras de atención hacia la cantante, enviándole en particular flores y mensajes con la esperanza de seducirla y de transformar ese encuentro en un idilio. Pero sus esfuerzos habrían resultado en vano, pues el entorno de Shakira hizo saber a Tom Cruise, con educación pero con firmeza, que la cantante no estaba en absoluto interesada en sus avances, poniendo un fin inequívoco a sus esperanzas. Ese rechazo, proveniente de una mujer en la cima de su carrera y ferozmente independiente tras una separación muy mediática del futbolista Gerard Piqué, habría herido algo el ego del actor, poco acostumbrado a encajar este tipo de desaire. Esta anécdota, sabrosa para el gran público, ilustra la persistencia del célebre actor en su búsqueda del amor, a una edad en la que sigue llevando una carrera de acción espectacular al tiempo que cultiva una vida privada discreta desde su divorcio de Katie Holmes. También recuerda que ni siquiera las mayores estrellas de Hollywood están a salvo de una calabaza, y que la notoriedad y el encanto no siempre bastan para conquistar el corazón de una mujer decidida a preservar su independencia. Para Shakira, ese rechazo educado se inscribe en la voluntad declarada de consagrarse a su carrera y a sus hijos, lejos de las solicitudes de los pretendientes más célebres del planeta, en un periodo en que ha hecho de su reconstrucción personal una prioridad absoluta.
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